domingo, 17 de enero de 2016

Violencia en las escuelas: Bullying

“La violencia es el último recurso del incompetente” - Isaac Asimov


La violencia en el ámbito escolar es un hecho que ha estado presente siempre,ya sea en menor o mayor medida.  Esta violencia, cabe destacar, transgrede las clases sociales, niveles económicos y culturales, siendo un aspecto que se puede dar en cualquier recinto educacional.

En Chile, la violencia escolar ha ido en aumento en el último tiempo. Siendo el año 2011 un año clave por la gran cantidad de denuncias por maltrato físico y sicológico en el aula, cifra que llegó a más de 2.000 querellas y, según cifras del Mineduc, el 86% de los escolares ha sido testigo, en reiteradas ocasiones, de abusos y violencia en la sala de clases.
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Este tipo de violencia escolar se basa en el bullying y el acoso escolar, los cuales se diferencian en lo siguiente: El bullying, según el Dr. Dan Olweus en la tesis “El acoso escolar entre pares: Incidencia y características del fenómeno según la percepción de alumno y profesores”, el cual trata de: “Un alumno es agredido o se convierte en víctima cuando está expuesto de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que lleva a cabo otro alumno o varios de ellos”.En cambio, el acoso escolar, se entiende como un hostigamiento y/o ataque recurrente cargado de  violencia psicológica o física hacia un sujeto determinado, el cual no se produce de manera prolongada en el tiempo, quedando confinado a ser solo episodios esporádicos dentro de la vida del niño. Esta diferenciación queda establecida de forma clara en la tesis “Dinámicas cotidianas asociadas a la violencia y acoso escolar asociada a contextos de programas de integración  escolar”, la cual ayuda a distinguir los diferentes tipos de hostigamientos que aparecen en el contexto educativo.
Aclarado este punto, cabe destacar que para que exista bullying, este debe repetirse de forma prolongada en el tiempo, donde de forma clara, debe existir un agresor o un grupo de ellos, que dedican su tiempo a producir daño de manera intencional a una víctima, generalmente como una forma de marcar una diferencia de poder dentro de los establecimientos educacionales.
Las características del fenómeno del bullying se enmarcan, como señala el autor Áviles (2002) en que debe existir una víctima que no es capaz de defenderse por sí sola y un agresor o un grupo de éstos que tienen como finalidad atacar o amedrentar. Lo cual recae en que cada personaje cumple un  rol fundamental dentro de la disputa y hace posible el conflicto, destacándose la identificación de roles. A modo general, esta identificación distingue una víctima, que puede clasificarse en pasiva, provocadora e inespecífica, un agresor o agresores, que también tienen una clasificación interna que se divide en pasivo, dominante, ansioso y victimizado.
Es necesario mencionar que Olweus, en el año 2001, sistematizó ‘el círculo del bullying’ en una situación aguda de maltrato, situando a la víctima en el centro como un punto azul, en el cual alrededor se encuentran: el agresor, seguidores, partidarios, espectadores falsamente neutrales, posible defensor y el defensor.
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Para identificar de mejor esta situación de comportamiento inadecuado dentro o fuera de la sala de clases, utilizaremos un cuento llamado “Las dos caras de la moneda”de la autora española Elena O’Callaghan i Duch. Este cuento se encuentra en el libro “21 relatos contra el acoso escolar”, publicado en el año 2008.
Este cuento llamado ‘las dos caras de la moneda’ trata sobre una chica de 13 años de edad llamada Ana, la cual sufre abusos y burlas de forma frecuente por parte de sus compañeros de curso, específicamente de un grupo, estos son Alex, Carla, Mireia, Oriol, Rubén, Marcos y Andrea.
El relato comienza con el siguiente mensaje:
“Eres una mierda y nadie te quiere.
Ni siquiera tu propia madre,
que te abandonó al nacer
cuando vio el engendro que había parido”
Ana es adoptada, por lo cual ese es el eje principal de las mofas de sus pares. Su madre, Isabel, ni su tutor la comprenden, creen que exagera en cuanto a las burlas que sufre, y eso la ha transformado en una niña débil e infeliz.
El relato está hecho en base a lo que Ana, la protagonista, escribe en su diario de vida, evidenciado el acoso continuo y las problemáticas a las cuales esta se enfrenta cada día en la escuela. Su historia comienza el 13 de Marzo, donde la protagonista cuenta lo mal que va con respecto a las notas en el colegio, teniendo posibilidad de reprobar si es que no comienza a estudiar de inmediato. A causa de esto se enfrenta a diferentes problemáticas durante todo el año, lo que lleva a Ana a sufrir una crisis de angustia, la cual la hace terminar en el hospital.
Este constante bullying se manifiesta tanto en clases con mensajes entre sus pertenencias, como por mensajes de texto, llegando incluso a los empujones por parte de los agresores hacia Ana.
Ana ha abordado el tema con su madre, ya que la protagonista lo único que desea en cambiarse de colegio, pero la madre le baja el perfil a la situación y le ofrece consejos que a la perspectiva de su hija son inútiles y agravan su frustración, puesto que el hecho de que su madre no le preste mucha atención al problema, la hacen sentir más sola y triste.
Por otra parte Isabel, su madre, recurre al tutor del establecimiento en reiteradas ocasiones para que arregle la situación de su hija y haga algo al respecto, pero este no toma las medidas necesarias ya que lo máximo que este hizo fue suspender a los implicados una semana, en consecuencia, no tomando la relevancia que implicaba el caso de Ana, creyendo que todo se había solucionado.
Finalmente tras una serie de hechos desafortunados para Ana, esta le muestra a su madre los mensajes ofensivos y amenazantes que ha recibido por parte de sus abusadores. Estos mensajes hicieron recapacitar a Isabel, la cual decide tomar cartas en el asunto y  trata de comunicarse con el Director del colegio, al no poder hacerlo, encara al tutor por su trabajo deficiente con respecto a la situación de su hija, además de informar a la consejería de educación sobre lo sucedido.
La medida final y la cual pone fin a la situación de la protagonista, es el cambio de establecimiento de su hija, en el cual Ana finalmente se ve libre de sus acosadores, mantiene una vida tanto académica como personal equilibrada y sin problemas.
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En el caso de este cuento, cabe destacar que la víctima cumple el rol de sujeto pasivo, ya que esta no busca defenderse, sumiéndose en problemas internos y creyendo que la culpa es de ella. El agresor se identifica con el rol de dominante, ya que este es capaz de dirigir a otros y amedrentar con pequeñas cosas a la víctima.
El círculo ya mencionado de Olweus, sitúa a Ana, la protagonista en el centro, como punto azul y a su alrededor se encuentra Andrea, su agresora principal, seguidores, Alex, Carla, Mireia, Oriol, Rubén y Marcos, partidarios que sería el curso en que estaba la víctima, posible defensor debería ser el tutor de Ana, pero este no muestra interés y pasan a ser las amigas de esta, quienes tratan de apoyarla en este proceso y el defensor, finalmente es su madre, quien tardíamente toma cartas en el asunto.
Aludiendo a la actitud del tutor en cuestión, podemos enlazar y enfocar los diferentes tipos de reacciones que muestra el docente frente a las situaciones de acoso y/o bullying. Según la fuente Violencia y escuela (2001) se evidencian diversas caretas de los adultos a cargo de estudiantes, su actitud tanto su rol puede reflejar el favorecimiento o la inhibición en relación a las situaciones que se puedan generar con respecto al conflicto del bullying.
Algunas de las reacciones que toman los encargados de los establecimientos o los profesores derivan en lo siguiente:
§  Desesperación: El docente toma una actitud exasperada en cuanto a la situación, no sabe tomar las medidas necesarias para enfrentar la violencia dentro o fuera del aula.
§  La mentira: Los docentes que mienten, faltan a la verdad y engañan a sus alumnos acreditando la mentira como una posibilidad no sancionable de abusar del otro. Se adopta la violencia como una dominación.
§  La indiferencia: Algunos docentes utilizan la indiferencia como mecanismo de defensa frente a las situaciones complicadas. Responden frases como: ‘No estoy a cargo del recreo, ‘decile a tu maestra’, etc. Los maestros deciden no darse cuenta de estas acciones de bullying.
Es ese último punto el que se utiliza como referencia para completar la actitud del docente. Dentro del cuento se puede apreciar como la indiferencia se utiliza como cláusula para contrarrestar la violencia que sufre Ana. El tutor demuestra una actitud impertinente, él no está al tanto de lo que la protagonista sufre, y esa es la causa principal por la cual decide no prestarle importancia al asunto, bajándole el perfil a la situación. En oportunidades trata de convencer a su madre de que Ana le está yendo espléndido en la escuela y que no tiene ningún tipo de conflicto con sus compañeros, cuando en verdad no es así.
Cabe destacar que el texto menciona que la actitud ideal de un maestro, docente o tutor debe estar equilibrada en la versión del alumno agredido, los pares y las familias de ambas partes, agregando que un solo docente no está capacitado para conllevar la situación de conflicto por completo, sino que se debe recurrir inmediatamente a las autoridades máximas de la escuela. El rol del docente en el aula debe estar ligado a la imparcialidad, pero aun así no dar la espalda cuando se percibe un ambiente de bullying y/o acoso escolar. Se debe entablar un diálogo inmediato con los padres asegurando de que su hijo está inserto en una disyuntiva y que no es fácil salir de ella (Esto lo podemos relacionar con el caso de Ana y su madre) sin embargo, apoyarlo y no dejar que acarree demasiado peso en un espalda.
Finalmente, podemos destacar lo complejo que es enfrentar ante una situación de bullying o acoso escolar, pero lo importante es mantener una actitud y postura de imparcialidad, sin dejar el episodio pasar, ya que lo más importante en el aula son los alumnos, tomando en cuenta lo que sienten y piensan, porque este es un factor que se refleja en el espacio educativo, tanto en su rendimiento y en las posibles relaciones que este puede entablar dentro del contexto escolar.
Otro aspecto que es necesario mencionar, y se pudo evidenciar en el cuento escogido, es el rol que cumplen las autoridades de los establecimientos educativo, siendo estos fundamentales para la resolución de este tipo de problemas, esto da cuenta de que si bien los profesores no pueden interferir de forma completa en casos de bullying, si pueden evidenciar conductas como lo es la exclusión, rasgo acentuador del fenómeno, y realizar el protocolo correspondiente, como hablar con el/la estudiante afectada y sus padres, mejorando así el problema de la comunicación, que por lo expuesto anteriormente, es una de las principales barreras que se necesitan derribar para solucionar o controlar la situación.

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